domingo, 10 de enero de 2010

ENEMIGOS DESPIERTAN saga de crepúsculo

Había ya pasado más de un año, desde que los vulturis habían querido matar a mi hija, a mi vida, a una de las personas que más quería.
Mi vida no había cambiado mucho, todo seguía igual, excepto una cosa. Ahora vivíamos en Seattle, me impresionaba que no hubieran vivido aquí pues es una ciudad bastante conocida y Charlie se había casado hace tan solo una semana con Sue y ahora estaban en una luna de miel en Dallas.
Yo estaba sentada apartada de todos sentada en un taburete cerca de la cocina y era la única que no reía. Estaba cayendo una ligera lluvia mientras el sol se escondía, mientras escuchaba a los demás reírse de Emmett y Rosalie, que habían vuelto de Tailandia donde habían roto por cuarta vez una casa haciendo el amor, pero esta vez destruyeron la mitad de la casa vecina.
-Habéis destruido una mansión y la mitad de la casa de al lado – dijo Jasper riendo – Ya es la cuarta.
Jasper rara vez así acotaciones como esas, no me sorprendí porque últimamente yo y el hablábamos mucho más y no me sorprendió ver a Rosalie mirarlo con una cara de rabia, a ella no le gustaba hablar de ese tema.
-Mejor no digas nada – dijo Emmett riendo - porque me entere por ahí que dos hermanitos habían roto un cuadro original de van Gogh en una galería. ¿Por qué? Porque se estaban besando como locos, eso fue lo que me dijo el vendedor cuando llamó para cobrar el carísimo cuadro y dijo que apenas les importo que siguieron besándose. También…
-Ya – dije viendo a Alice y Jasper sonrojados - vas hacer que queden como un tomate.
Yo ya sabía eso, Alice me lo había contado como uno de sus mayores secretos, pero supuse que Edward lo sabía. Y me miraron con cara de agradecimiento porque habían llegado a que Alice se le viera el sostén y como un minuto después se dieron cuenta.
Edward empezó a reír y los tres los miramos con mala cara.
- Perdón –dijo él.
Hace más de dos semanas que no veía a Jacob, lo cual para renesmee era horrible pues ella extrañaba su hombre lobo. Ella estaba durmiendo en su cuarto, pues ahora vivíamos todos en una misma casa, no me desagradaba, era menos tranquilo pero más cómodo. Me agradaba.

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